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04/03/2018
Problemas de la economía asturiana a corto y medio plazo

“La región está a la cola del país por su poca capacidad para facilitar que los avances científicos y tecnológicos se transformen en realidades productivas”; por Juan Velarde Fuertes, en El Comercio

La economía asturiana pareció moverse y abandonar aquella depresión continua que motivaba, por ejemplo, la reacción de notables economistas, como Flórez Estrada y, desde luego, de Jovellanos. Comprendieron estos economistas que era necesario integrarse en el siglo XIX y en plena Revolución Industrial. Pero como consecuencia de lo que se creyó preciso para tal incorporación, afectó a Asturias, como a muchas otras regiones, el modelo llamado castizo que se basaba en numerosos ingredientes. En primer lugar, el proteccionismo. Hace exactamente un siglo, con motivo de las ceremonias del centenario de la batalla de Covadonga, Cambó, que como ministro de jornada había acompañado a Alfonso XIII a la solemne celebración en el Santuario, se desvió a continuación a Gijón, dónde señaló públicamente que lo sucedido en Covadonga mostraba lo que debía marcar el sendero de la economía española. En el siglo VIII, unos extranjeros habían invadido la Península y allí comenzaron a ser derrotados. En el siglo XX lo que nos invadía eran productos extranjeros, tecnología extranjera, empresas extranjeras. El grito desde Asturias debería ser lo que barriese toda esa presencia. Era preciso, por encima de todo, garantizar el mercado nacional contra cualquier tentación de apertura al exterior. De esta manera se crearía una realidad industrial importante, y eso parecía ratificarse cuando se produjo el aislamiento de posibles importaciones a lo largo de la I Guerra Mundial.

 

En segundo lugar, convenía para ello aceptar el corporativismo. Ésto es, que uniones de empresas del mismo sector se pusiesen de acuerdo para repartirse el mercado. Además del proteccionismo, en Asturias tuvimos la experiencia de la Unión Española de Explosivos, de la Central Siderúrgica de Ventas y muchos otros enlaces de ese tipo. Esta ruptura del mercado de la libre competencia interior se completó con una auténtica huida de la presión fiscal sobre el mundo empresarial. Cuando, el 3 de junio de 1916, ante los altos beneficios conseguidos por la escasez derivada de la falta de competencia para las empresas españolas por la situación bélica, se le ocurrió a Alba, ministro de Hacienda, con el asesoramiento de Chapapietra, la idea de recaudar sobre esos beneficios extraordinarios fondos adicionales para atenciones públicas, Cambó consideró intolerable eso para la industria catalana. Pero inmediatamente pasó a actuar. En primer lugar, se trasladó a Bilbao, donde se reunió con Ramón de la Sota, quien había creado el nuevo Partido Nacionalista Vasco, rompiendo los planteamientos ruralistas iniciales que este había tenido, derivados de las tesis de Sabino Arana. De la Sota, que era simultáneamente un empresario muy importante, aceptó el planteamiento de Cambó y pasó a ratificarlo políticamente. De ahí se traslado Cambó a Comillas, donde se encontraba el marqués de ese título. Recordemos que este tenía enlaces directos con Cataluña y, además, que el propio Alfonso XIII le tenía mucho aprecio, y no digamos el prestigio que poseía dentro de la Iglesia. El marqués de Comillas, que simultáneamente tenía una actividad empresarial en aquel momento importante, aceptó la colaboración. Desde Comillas, Cambó se vino a Gijón y ahí logró que Melquiades Álvarez, que contemplaba con satisfacción los altos beneficios que estaba logrando la minería del carbón asturiano, se inclinase en favor de la posición de Cambó. No hay comprobación textual, no la he encontrado tampoco en el espléndido trabajo sobre Melquiades Álvarez de Fernando Suárez, pero el caso es que Melquiades, lo haya aconsejado o no, de Gijón se trasladó con Cambó a Madrid. Y en la capital se reunió con Maura. Recordemos que Maura y Alba, por motivos políticos, tenían una actitud siempre muy opuesta. Maura se solidarizó con el planteamiento, y el proyecto de Alba quedó arruinado definitivamente.

 

Este conglomerado de decisiones políticas, que a corto plazo producían satisfacción, y que fue acompañado con pasión incluso, por multitud de políticos asturianos, parecía ser lo oportuno para el Principado. Cuando se observan sus biografías observamos una solidaridad que va de Melquiades Álvarez a González Peña, y que también recibiría el apoyo de Fernández Ladreda, a pesar de las diferencias políticas que entre ellos tenían. Esto dio lugar a otro complemento en el modelo económico de Asturias, el de vincularse a las enseñanzas de la Universidad de Oviedo, que convirtió a la corriente krausista de su gran etapa intelectual en justificadora de todas esas medidas. La familia Alas, desde Clarín al rector, por ejemplo, se encuentran dentro de esa línea.

 

Baja participación en el PIB

¿Y todo esto produjo que el Principado de Asturias fuese en cabeza del desarrollo económico español? Pues no. Conviene señalar en este sentido algunos datos comparativos. Al contemplar la serie de la distribución nacional del PIB al coste de los factores por comunidades autónomas, el Principado de Asturias, en el periodo 1802-1940, pasa del 2,40% en 1802, al 2,75% en 1930; sube en 1940 al 3,62%, máximo de la serie; se sitúa en 1955 en el 3,45%; en 1963, en el 3,34%; baja en 1973 al 3,10%; en 1993, al 3,01%, y en 1992, al 2,53%, como se comprueba en las series que se ofrecen en la obra de Carreras y Tafunell ‘Estadísticas Históricas de España’. Fue siempre un porcentaje muy reducido.

 

Históricamente, ese desarrollo no era, ni de lejos, capaz de competir con muchas regiones del resto de España. Por eso, dentro de la conciencia asturiana se planteo la necesidad de apoyos adicionales. El primero fue el fomento de la actividad empresarial dentro de una economía de mercado, pero con dos complementos. Por una parte, el del Estado. Este tendría que ofrecer un fuerte apoyo a través de la educación e investigación. Asturias siempre ha sido muy receptiva en ese sentido; mas bien, siempre partidaria de que el gasto público se reforzase en estas cuestiones. Desde su ámbito, y a partir de la Universidad de Oviedo continuamente se ha aceptado el reto y ahora mismo lo vemos en su derivación politécnica en Gijón. Por otra parte, la creación de empresas públicas, desde Ensidesa a Hunosa. Pero todo eso exige, además, para compatibilizarse con un mundo empresarial privado eficaz, una liquidación de los obstáculos administrativos que dificultan la vida económica diaria. Y eso no se logró nunca eliminar. En la publicación del Banco Mundial ‘Doing Business, España 2015’ se muestran las diferencias entre las diversas autonomías en relación con las capacidades específicas que en ellas surgen para facilitar que los avances científicos y tecnológicos se transformen en realidades productivas. El valor 100 es señal de freno radical al empleo de esas ventajas; la facilidad de utilizarlas plenamente corresponde al 0. El orden del conjunto de las regiones autónomas españolas sitúa a Asturias en ese caminar del 0 al 100 en el puesto 17; sólo tienen más dificultades para actuar aprovechando ventajas científicas y tecnológicas, en los puestos 18 y 19, Valencia y Galicia.

 

La urgente Asturias nueva

Todo esto que he señalado incluye también al mundo agrícola asturiano. Está dentro del mundo empresarial definitivamente, y de modo clarísimo. Ya no nos encontramos con xaldos en pelea con vaqueiros. No hay diferencia alguna en el mundo empresarial rural asturiano y sus planteamientos son análogos a los precisos para el desarrollo de los servicios y de la industria. Y complementariamente, para superar problemas a corto plazo, y no digamos a medio, es preciso crear un clima social que no esté sometido a influencias de tipo populista, que son las que frenan cualquier solución racional. Desde el siglo XIX asistimos por eso a un replanteamiento sobre cómo debe ser la realidad empresarial asturiana, hoy en día dispar en muchos aspectos, y eso, automáticamente, perturba adicionalmente una política adecuada.

 

Sólo teniendo en cuenta seriamente estos problemas, la realidad asturiana, además ante la conexión con Europa, precisa superarlos. Es urgente plantear, desde el punto de vista económico, algo así como una Asturias nueva, porque en otro caso, comprobaríamos que también en lo económico tienen justificación unos versos de nuestro Jovellanos, que conviene desaparezcan para siempre –los jovellanistas sabrán a quién Asturias sustituye en estos bellos versos–: ‘Aquí, pues, esperando, lloro a solas, de la inconstante Asturias los desdenes y el acerbo dolor de mi destino’.

 

Únicamente superando todos estos problemas de la economía del Principado planteados a corto y medio plazo, veríamos cómo los que son a largo plazo se esfuman.

 

(Publicado en El Comercio el 4.03.2018)

Etiquetas:  
PIB 

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